En Cali, la educación ambiental se ha consolidado como un programa institucional para fortalecer el conocimiento ciudadano sobre el uso responsable de los recursos, la protección de los ecosistemas y la participación comunitaria. Su funcionamiento parte de la coordinación entre la Alcaldía, la Unidad Administrativa Especial de Gestión Ambiental (UAEGA) y diversas entidades educativas, comunitarias y sociales. El propósito es que la población incorpore prácticas sostenibles en su vida diaria y participe en proyectos que mejoren el entorno.

El programa se desarrolla a través de líneas de acción definidas: procesos formativos en instituciones educativas, acompañamiento a organizaciones comunitarias, capacitación a empresas sobre manejo de residuos y actividades de sensibilización en espacios públicos. Estas acciones se articulan con los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE), los Proyectos Ciudadanos de Educación Ambiental (PROCEDA) y los Proyectos Ambientales Universitarios (PRAU), que la ciudad ha fortalecido en los últimos años.

Durante los últimos dos años, Cali ha impulsado varias experiencias que muestran la evolución del programa. Una de ellas es el trabajo con instituciones educativas para incorporar contenidos de cambio climático, calidad del aire, reciclaje y uso del agua. Las escuelas han desarrollado huertas, laboratorios de compostaje y campañas de reducción de residuos, integrando a estudiantes, docentes y familias. Este trabajo ha permitido que los PRAE se conviertan en espacios permanentes de educación ambiental.

También se han adelantado PROCEDAs en diferentes comunas, donde juntas de acción comunal, colectivos juveniles y grupos ambientales han trabajado en limpieza de quebradas, recuperación de zonas verdes y jornadas de educación sobre separación en la fuente. Estas iniciativas se apoyan en asistencia técnica y en la entrega de materiales para las actividades comunitarias. El énfasis ha estado en que los barrios desarrollen procesos propios y sostenibles.

En el sector empresarial, la ciudad ha realizado capacitaciones sobre gestión integral de residuos, ahorro de energía y manejo adecuado de vertimientos. Las empresas han recibido acompañamiento para mejorar sus planes ambientales y cumplir la normatividad. De este proceso han surgido acuerdos voluntarios y buenas prácticas internas que se han compartido con otras compañías.

Otro componente ha sido la educación ambiental en espacio público. En los últimos dos años se han realizado campañas sobre calidad del aire, cuidado de los ríos, reciclaje y protección de fauna silvestre. Estas actividades se han desarrollado en parques, ciclovías, estaciones del MIO y ferias comunitarias. La estrategia busca acercar la información a la ciudadanía y promover cambios de comportamiento.

En cuanto a formación especializada, la ciudad ha ofrecido cursos y talleres dirigidos a docentes, líderes comunitarios y técnicos ambientales. Estos espacios han abordado temas como legislación ambiental, cambio climático, biodiversidad urbana y educación ambiental participativa. Las entidades han buscado que quienes lideran procesos en barrios, organizaciones y escuelas cuenten con herramientas actualizadas.

La articulación con universidades también ha tenido avances, especialmente a través de los PRAU. Estudiantes de distintas carreras han contribuido en diagnósticos ambientales, monitoreos ciudadanos, proyectos de restauración y diseño de estrategias educativas. Esto ha permitido integrar la educación ambiental con investigación y extensión.

Aunque se han logrado avances, la ciudad todavía enfrenta desafíos importantes: ampliar la cobertura del programa, fortalecer la participación comunitaria, mejorar el acceso a información y consolidar procesos de largo plazo. La educación ambiental sigue siendo clave para enfrentar problemas como la contaminación del aire, el manejo de residuos, la presión sobre los ríos y la expansión urbana.

Quienes deseen pedir apoyo pueden hacerlo por varias vías. La UAEGA y la Secretaría de Medio Ambiente disponen de canales de atención para solicitar acompañamiento técnico, participar en capacitaciones o vincularse a proyectos de educación ambiental. Las juntas de acción comunal pueden presentar solicitudes formales para desarrollar PROCEDAs en sus barrios. Las instituciones educativas pueden coordinar con la Secretaría de Educación para fortalecer sus PRAE. Las universidades pueden vincular sus PRAU mediante convenios y programas de extensión.

Las solicitudes se pueden realizar por correo electrónico, líneas telefónicas oficiales o a través de las páginas institucionales. Por lo general, el proceso inicia con la descripción de la necesidad o el tipo de apoyo requerido, seguida de una visita de evaluación y la planificación conjunta de las actividades. El programa busca que la comunidad participe activamente en la ejecución y continuidad de los proyectos.

En conjunto, la educación ambiental en Cali se mantiene como una estrategia para promover la participación ciudadana, mejorar el entorno y fortalecer la responsabilidad colectiva. El reto es sostener y ampliar estas acciones para que más sectores de la ciudad se vinculen a procesos que contribuyan al cuidado ambiental.

Nubela Meneses