La presentación del Señor

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 01/02/2020 - 10:20am
Edicion
458
P. Héctor De los Rios L.
 

VIDA NUEVA

 

Evangelio: san Lucas 2, 22-40: «Llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor»

Hoy, aunque en rigor es el 4o Domingo Ordinario del ciclo A, como cae en 2 de febrero, celebramos la fiesta de la «Presentación del Señor» en el templo de Jerusalén. Jesucristo aparece en el Templo como la Luz que ilumina a todas las Naciones: «Lumen Gentium». Así lo proclama el anciano Simeón y así lo reconoce el Pueblo cristiano de hoy cuando llama a esta fiesta el «día de las Candelas». Estamos celebrando una fiesta del Señor y, dentro de ella, hacemos memoria de María Santísima, Nuestra Señora de la Candelaria, por su estrecha relación con el Señor Jesús en el momento de su presentación en el Templo.

Al Templo llegaron Simeón y Ana y ahí reconocieron al Señor y proclamaron con alegría que habían experimentado la Salvación... Al Templo acudimos hoy nosotros para proclamar también que en el Señor, dentro de la Iglesia, hemos reconocido al Salvador a quien vale la pena hacerle la ofrenda del ser y de la vida. En este ambiente, la Iglesia celebra la «Jornada mundial de la Vida Consagrada», para agradecerle a Dios por este don extraordinario para la vida de toda la Iglesia. La Palabra que proclamamos en este día nos ilumina el sentido del acontecimiento.

¿QUÈ NOS DICE la PALABRA?

La vida cotidiana, manifestación de Dios

Es interesante notar que todo el episodio da relieve a las situaciones más simples y familiares: la pareja de esposos con el niño en brazos; el anciano que goza y abraza; la anciana que reza y anuncia, los oyentes que aparecen indirectamente comprometidos. También la conclusión del pasaje escriturístico hace entrever el pueblo de Nazaret, el crecimiento del niño en un contexto normal, la impresión de un niño dotado de forma extraordinaria de sabiduría y bondad. Lucas, en la conclusión del reato, dice que el niño «crecía en sabiduría, en edad y en gracia, tanto para Dios como para los hombres». ¿Qué nos quiere decir?: «Crecer en sabiduría» significa asimilar los conocimientos, la experiencia humana acumulada a lo largo de los siglos: los tiempos, las fiestas, los remedios, las plantas, las oraciones, las costumbres, etc. Esto se aprende viviendo y conviviendo e la comunidad natural de la gente. «Crecer en edad» significa nacer pequeño, crecer y llegar a ser adulto. Es el proceso de cada ser humano, con sus alegrías y tristezas, sus descubrimientos y frustraciones, sus rabias y sus amores. Esto se aprende viviendo y conviviendo en la familia con los padres, los hermanos y las hermanas los tíos y los parientes. «Crecer en gracia» significa: describir la presencia de Dios en la vida, su acción en todo lo que acontece, la vocación, su llamada. La carta a los Hebreos dice que: «Aun siendo Hijo, aprendió en su pasión lo que es obedecer» (Hb. 4,8).

El tema de la sabiduría entrelazada con la vida normal de crecimiento y en el contexto del pueblo, deja la historia como suspendida: ella se reabrirá precisamente con el tema de la sabiduría del muchacho entre los doctores del templo. Y es precisamente también el episodio que sigue inmediatamente.

La «Virgen de la Candelaria» y la Vida Consagrada

En este ambiente, la Iglesia celebra la «Jornada mundial de la Vida Consagrada», para agradecerle a Dios por este don extraordinario para la vida de toda la Iglesia. Y, tambièn en este ambiente privilegiado de presencia de Dios y de su manifestación como la Luz, entra María, la Virgen fiel, Nuestra Señora de la Candelaria. Entra a ser recordada por la Comunidad que sigue a su Hijo. Y entra como modelo para los Religiosos y Religiosas que se quieren declarar propiedad exclusiva de Cristo Jesús. Ella está asociada desde el inicio a todo lo de su Hijo, asociada en el sufrimiento que empieza a asomarse y lo acepta y lo asimila en su vida, y guarda todo en su corazón.

Es lo que hacen en la Iglesia desde su Profesión Religiosa, en una forma peculiar de vida evangélica, tantos hermanos y hermanas nuestras que han visto la salvación de Dios, han escuchado el llamamiento, en la Iglesia, dentro de la Comunidades Religiosas, y se han decidido a ser signos de la salvación de Dios en el mundo de hoy. Han visto la salvación de Dios y por eso se sienten plenos y se deciden a responder con gran corazón y ánimo resuelto. Las personas consagradas han reconocido que en este Niño está también su razón y su futuro, su meta, la clave y sentido de su vida y se han dejado conducir a este encuentro que define sus vidas...

A Nuestra Señora de la Candelaria le encomendamos el proyecto de Paz de Colombia y tanta necesidad que hay en cada uno de nosotros, en cada familia, de dejarnos iluminar por esa Luz que viene de lo alto, que visita al Pueblo, para que también nosotros, como Simeón, podamos ver la luz, encontrar esa Luz y descansar en Paz porque allí está para nosotros la Salvación de Dios.

Meditemos con el Papa Benedicto XVI

«El gesto ritual que realizan los padres de Jesús, con el estilo de humilde ocultamiento que caracteriza la encarnación del Hijo de Dios, encuentra una acogida singular por parte del anciano Simeón y de la profetisa Ana. Por inspiración divina, ambos reconocen en aquel Niño al Mesías anunciado por los profetas. En el encuentro entre el anciano Simeón y María, la joven madre, el Antiguo y el Nuevo Testamento se unen de modo admirable en acción de gracias por el don de la Luz, que ha brillado en las tinieblas y les ha servido para encontrarse con Cristo Señor, luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel. El día en que la Iglesia conmemora la presentación de Jesús en el templo, se celebra la Jornada de la vida consagrada. De hecho, el episodio evangélico al que nos referimos constituye un significativo icono de la entrega de su propia vida que realizan cuantos han sido llamados a representar en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, los rasgos característicos de Jesús: virgen, pobre y obediente» (Benedicto XVI, 2 de febrero de 2012).

Nuestro compromiso: Descubramos a Dios que se hace presente en medio de su Pueblo, sintámonos salvados y purificados para ser y actuar de una manera nueva... Aceptemos ser testigos de la salvación de Dios. - A Nuestra Señora de la Candelaria le encomendamos el proyecto de Paz de Colombia y del mundo, y tanta necesidad que hay en cada uno de nosotros, en cada familia, de dejarnos iluminar por esa Luz que viene de lo alto, que visita al Pueblo, para que también nosotros, como Simeón, podamos ver la luz, encontrar esa Luz y descansar en Paz porque allí está para nosotros la Salvación de Dios.

Búsqueda personalizada

aerdhbadf

publicidad_banner

Cali Verde y Educada