Domingo de ramos en la pasión del Señor

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 04/04/2020 - 4:22pm
Edicion
467
P. Héctor De los Rios L.
 

VIDA NUEVA

 

Evangelio: san Mateo 21,1-11 : ”Bienvenido en el nombre del Señor”…

Hoy es Domingo de Ramos, del que don Tomás Carrasquilla, célebre escritor colombiano, decía: “Amanece aquel domingo con sol y cielo de gloria y venturanza; en que la Jerusalén celeste tiende, desde lo eterno, palmas y más palmas al Redentor Divino de hombres y de mundos”.

San Mateo nos cuenta cómo pasaron las cosas en el primer domingo de Ramos. Hoy, de modo especial se nos dice que los niños hebreos coreaban el hosanna, porque el que llega viene en son de paz y de esperanza.

Bendito el que viene a traernos la esperanza, bendito el que quiere darnos la gracia de su amor para seguir construyendo la paz. El que viene es, según san Mateo, “el Profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Es el que viene a sembrar en el corazón de todos la alegría de estas fiestas pascuales que, pasando por la Cruz gloriosa, la que abre nuestra procesión, nos llevarán en ocho días a estar festejando el triunfo de la verdad y de la esperanza. En medio de esta Iglesia, sin marcha por las calles, caminemos por las calles del corazón. Sigamos desde  la casa nuestras celebraciones a través de los Medios de Comunicación, tan generosos y dispuestos a prestar este servicio a las familias.

ADORAR, PROCLAMAR, VIVIR

Adorar

En la celebración de se proclama la Pasión del evangelio de san Mateo  cuando se anuncia la muerte del Señor. Un silencio especial nos recordó que esa hora de Jesús, la de su entrega amorosa, ha de ser contemplada con admiración y gratitud por una humanidad que siente cómo la agonía del Maestro, su dolorosa pasión, sigue viva en el corazón de tantos hermanos, en este tiempo de dolor y de amargura.

El Viernes diremos: tu cruz adoramos, Señor. También ahora, tras la preciosa narración de San Mateo, la que inspiró el genio de Bach, la que movió el corazón de los místicos, nosotros decidimos quedarnos contemplando al Pastor que se ha inmolado. “...al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”.

Proclamar

Es nuestro deber de discípulos del Maestro que se entrega. El mundo debe conocer el misterio de la Pasión del Señor, pero no como una tragedia contada por un cronista que nos comunica la dolorosa jornada del primer Viernes Santo, sino como la historia de un acto de amor sublime, insuperable, que ilumine el padecer del mundo con una luz de esperanza. - Las enfermedades nos acosan, la depresión económica va sumiendo en la ruina a los que antes lo tuvieron todo, la misma Iglesia sufre el dolor de tantas cruces que hemos puesto sobre los hombros del Mártir Divino. Es allí donde debemos proclamar la hora bendita del perdón y de la paz que Jesús nos regala, de la compasión con la que nos mira desde la Cruz, del amor redentor con el que se ofrece por nuestros pecados.

Vivir

San Oscar Arnulfo Romero nos lo enseñó muy bien: “El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que reclama y pide mi amor. El cristianismo es Cristo». Es en ese amor en el que debemos vivir y actuar, es en esa entrega generosa en la que debemos cifrar la alegría con la que hemos de vivir nuestra vida de fe compartida con tantos que sufren. Con los innumerables mártires de los tiempos presentes, con todos los que aman de verdad.

Es la hora de hacer nuestra la enseñanza del Papa Francisco en Querida Amazonía: “A todos los cristianos nos une la fe en Dios, el Padre que nos da la vida y nos ama tanto. Nos une la fe en Jesucristo, el único Redentor, que nos liberó con su bendita sangre y con su resurrección gloriosa. Nos une el deseo de su Palabra que guía nuestros pasos. Nos une el fuego del Espíritu que nos impulsa a la misión. Nos une el mandamiento nuevo que Jesús nos dejó, la búsqueda de una civilización del amor, la pasión por el Reino que el Señor nos llama a construir con Él. Nos une la lucha por la paz y la justicia. Nos une la convicción de que no todo se termina en esta vida, sino que estamos llamados a la fiesta celestial donde Dios secará todas las lágrimas y recogerá lo que hicimos por los que sufren”. Sí, solo él es la vida, sólo él, el glorioso Hijo de María, el muy glorioso y humilde salvador del mundo. Amén.

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