Anarquía

Por Guillermo E. U… el Sáb, 12/09/2020 - 11:59pm
Edicion
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Sin embargo y pese a los logros obtenidos, aun existe, sesenta años después, una marcada discriminación a la población afrodescendiente norteamericana


Por Guillermo E. Ulloa Tenorio

Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.


En 1863, Abraham Lincoln liberó los esclavos de los estados sureños norteamericanos mediante su Proclamación de la Emancipación, cambiando el estatus legal de mas de 3.5 millones de afrodescendientes que vivían en esclavitud. No obstante, continuo el segregacionismo, opresión y discriminación racial, por mas de noventa años. En la década de los años cincuenta del siglo XX, movimientos, protestas y boicots luchando a favor de derechos civiles de la población afrodescendiente, fueron gestando el fin de la represión racial. Fue Martin Luther King, el mas reconocido activista y héroe del movimiento, quien consolidó el movimiento, expresando el sentimiento de la población afrodescendiente magistralmente en su famoso discurso I have a dream pronunciado en las escalinatas del Capitolio en 1963. Posteriormente los derechos reclamados fueron incorporados en la Ley de Derechos Civiles de 1964.

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En los días sucesivos y en varias ciudades capitales se producen una serie de protestas de rechazo de lo ocurrido en Bogotá.

Sin embargo y pese a los logros obtenidos, aun existe, sesenta años después, una marcada discriminación a la población afrodescendiente norteamericana, pese a la elección y reelección de Barack Obama como presidente de 2009 a 2017. Los sentimientos de rechazo, y desigualdad a los conquistados derechos civiles sumados al abuso policial dieron origen en 2013 al movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan).

El 25 de Mayo de este año (2020) la policía de Minneapolis, Minnesota en hecho condenable y abusivo en procedimiento de arresto al ciudadano George Floyd, lo sujetaron de tal manera, que murió asfixiado, mientras el oficial de policía mantenía presionada la rodilla en su cuello. El homicidio, consecuencia de abuso y brutalidad policial desencadenó múltiples protestas y manifestaciones, en plena época de pandemia Covid, en mas de 400 ciudades en los 50 estados norteamericanos.

La pasada semana ocurrió algo similar de brutalidad policial en Colombia. El ciudadano, Javier Ordoñez, en confusos hechos, al momento de su arresto le aplican abusivamente cargas eléctricas con pistola taser de dotación. Es llevado al CAI cercano al arresto, donde es maltratado, hechos que eventualmente producen su muerte horas después.

En los días sucesivos y en varias ciudades capitales se producen una serie de protestas de rechazo de lo ocurrido en Bogotá. Estas protestas, en principio pacificas, se convierten en hechos vandálicos y destructivos causando daños a cientos de vehículos de transporte publico, varios incendiados, vehículos particulares afectados, establecimientos comerciales, parálisis de actividades y suspensión del servicio de transporte de pasajeros. Lamentable mas de una docena de muertes, 194 policías y 209 civiles lesionados arrojan el saldo trágico de las insensatas manifestaciones. 

No es comparable la larga trayectoria de discriminación y segregación racial norteamericana fundamentada en principios de derechos civiles y abuso a la etnia afrodescendiente, lo cual dio origen a los movimientos de rechazo en Estados Unidos, y las acciones vandálicas y trágicas presenciadas en Colombia, principalmente en Bogotá.

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Lo vivido es conmoción interior y el país ha sentido ausencia de esa cartera ministerial.

Es inconcebible que, en tan pocas horas, después de ocurrido los hechos, aparezcan espontáneamente hordas violentas de encapuchados vándalos, sincronizada y organizadamente para desestabilizar la institucionalidad del estado de derecho.

Mas que involucrar organismos judiciales y disciplinarios para determinar responsabilidades es deber del estado emplear mecanismos de inteligencia e investigadores para encontrar los autores intelectuales y materiales detrás de los actos vandálicos y organización de los salvajes movimientos sublevados.

Lo vivido es conmoción interior y el país ha sentido ausencia de esa cartera ministerial.

La Presidencia debe retomar el timonel de la situación antes que declaraciones infundadas, ilógicas e incendiarias de la alcaldesa de Bogotá y algunos simpatizantes de ideologías desestabilizadoras, poniendo en tela de juicio la institucionalidad, arrinconen el estado hacia la anarquía y el desgobierno. 

https://www.caliescribe.com/es/columnistas/2015/07/11/8351-tengo-sueno

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