Andenes para vivir en la ciudad

Por Carlos Botero el Sáb, 13/10/2018 - 2:23pm
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Por Carlos Enrique  Botero Restrepo

Arquitecto Universidad del Valle; Master en Arquitectura y Diseño Urbano, Washington University in St: Louis.

Profesor Maestro Universitario, Universidad del Valle. Ex Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle (de2012 a 2015) y Director del CITCE (Centro de investigaciones Territorio Construcción Espacio) de 2006 a 2010.


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Todo esto es imposible, o se exige demasiado para lograrlo, genera demasiado estrés

Tengo, tenemos, el derecho de caminar. El punto de partida es mi casa, tu casa. Necesito ir caminando a la tienda próxima a traer café para el desayuno, a hacer una “recarga” para mi teléfono celular, a encargar frutas que llegarán en cualquier momento. Necesito llegar caminando a la escuela de mis hijos porque queda a una distancia razonable. Necesito llegar a la parada más próxima del MIO para llegar a mi trabajo en el centro de la ciudad. También necesito llegar a la oficina desde la parada donde me apeo del MIO. Lo mismo necesito llegar a esa parada para ir con mi familia al zoológico el próximo domingo; visitar La Tertulia y pasear a lo largo del río Cali en dirección al bulevar y al CAM. Necesito regresar fácilmente a la casa después de disfrutar la ciudad, no importa que yo viva en un barrio discreto en la Comuna 13. 

Todo esto es imposible, o se exige demasiado para lograrlo, genera demasiado estrés y por lo tanto, renuncio.

Vivo en una ciudad donde importa un pito que no hay, para nadie de cualquier estrato socioeconómico del uno al seis, un solo recorrido posible a pie

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No es posible en Cali poder decir sin titubear que podemos hacer un solo recorrido de manera segura, cómoda, feliz

Vivo en una ciudad donde importa un pito que no hay, para nadie de cualquier estrato socioeconómico del uno al seis, un solo recorrido posible a pie, sin arriesgar la vida y, por supuesto, me impide asumir el intento de caminar como una experiencia feliz, atractiva, seductora, amable, que me permita decir que amo esta ciudad. No hay argumentos, no tenemos cómo promocionar el espacio público de mi ciudad para que todos, uno por uno, en grupo, en pareja, podamos disfrutar de un ambiente urbano elementalmente feliz. No es posible. 

No es posible en Cali poder decir sin titubear que podemos hacer un solo recorrido de manera segura, cómoda, feliz, para habitar la ciudad. Para cualquier ocasión, para lo cotidiano y habitual, para lo eventual, para dedicarle tiempo libre al simple ejercicio de caminar y disfrutar el paisaje urbano y su entorno, como parte de la vida cotidiana. 

Es doloroso ver que mientras Francesco Careri construye su discurso de Walkscapes con el sencillo ejercicio de caminar una ciudad disfrutando cada acento arquitectónico, cada pincelada verde de parques y jardines , mientras aquí podemos morir en el intento. No por lo que muchos creen que es la inseguridad – el temor de ser agredidos- sino por la imposibilidad de moverse y correr el riesgo de no encontrar por donde caminar y entonces asumir cualquier recorrido cotidiano o eventual como una aventura incierta. El tono oculto de la inseguridad. 

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No sirve para nada un plan de espacio público y un plan integral de movilidad urbana

seguimos pegados de meterle todo el presupuesto para la construcción del espacio público a los alrededores del CAM, mientras los 340 barrios de la ciudad

No sirve para nada un plan de espacio público y un plan integral de movilidad urbana (PIMU) si no se arranca por lo más elemental: andenes para seres humanos, para vivir en la ciudad y hacer todo lo que hace cualquier habitante de ella. Mientras tanto seguimos pegados de meterle todo el presupuesto para la construcción del espacio público a los alrededores del CAM, mientras los 340 barrios de la ciudad, de todos los estratos, se sumergen en el desamparo y en el deterioro y desaparición de los andenes. Si es que alguna vez existieron. 

La ciudad se vive desde el andén que desde mi casa me permite ir a donde quiera que la ciudad me tiente o donde debo hacer lo que tengo que hacer. Sin andenes limpios, generosos y seguros, no hay vida en la ciudad y cualquier plan es una farsa.

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