Ciudad y gobierno

Por Benjamin Barne… el Sáb, 15/01/2022 - 3:47pm
Edicion
558

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011


La democracia es históricamente una manifestación urbana y lo es cada vez más ya que cada vez más personas viven en las ciudades; por eso es que en dicho ámbito la política nacional debería estar supeditada a ellas y no lo contrario, por ejemplo respecto a su sobrepoblación, o de cara al cambio climático. Y por eso es pertinente proponer ideas al respecto, como la de que lo mejor sería que los vecinos de un barrio, asumiendo su papel de ciudadanos, eligieran a su representante a una Junta Comunal, y estas los suyos a un Concejo Municipal, que elija entre un Alcalde para que lleve a cabo un plan urbano-arquitectónico a largo plazo para la ciudad y sus habitantes.

Este Plan de Ordenamiento Territorial [POT] debería ser propuesto por el Concejo Municipal y elaborado con la participación de los gremios profesionales y las universidades, y no sacado de la manga por un alcalde, y que los que lo siguen lo cambian para satisfacer a los que financiaron sus candidaturas, en lugar de actualizarlo o si es del caso corregirlo. Un POT conformado por un plan vial a partir de uno de usos del suelo, ocupación y alturas, considerando en ambos casos la ciudad existente y su área metropolitana, y las condiciones sociales, económicas y culturales de sus habitantes, su historia; y por supuesto su geografía: clima, relieve, vegetación y paisajes naturales y urbanos.

La Junta de Vecinos sería no sólo una organización cívica, social y comunitaria de gestión social, sin ánimo de lucro, con personería jurídica y patrimonio propio, integrada voluntariamente por los residentes de un barrio, quienes buscan unirse, y que actuando ya como ciudadanos eligen a sus representantes en la junta comunal respectiva. Junta integrada por los vecinos que habitan en cada barrio contribuyendo a su historia, recomendaciones y control por haber morado allí por un cierto tiempo, pero igualmente por los recién llegados al barrio y que es preciso integrárlos al mismo y a sus tradiciones al tiempo que contribuyen a que sus cambios se sumen a ellas y no las reemplacen.

Ciudad y gobierno

La Junta Comunal sería igualmente una organización social, cívica y comunitaria, compuesta por los representantes de las varias Juntas de Vecinos existentes en la ciudad, y en las más grandes correspondiendo a sus varias ciudades dentro de la ciudad, con el objetivo de solucionar los problemas de su comunidad en el marco de la ciudad toda. En estas juntas, mas que reconocidos vecinos, habría incipientes políticos con aspiraciones a integrar el Concejo Municipal, entendidos sus miembros como gobernantes de la ciudad en representación de sus ciudadanos y no apenas como representantes de las ideologías políticas en boga.

El Concejo Municipal sería, entonces, una corporación político-administrativa de carácter colegiado, en la que la mitad de sus miembros serían elegidos por las juntas comunales y la otra mitad seleccionados por los gremios y las universidades, para períodos de cinco años con posibilidad de reelección mas no indefinida. Concejo que escogería entre sus miembros a un Alcalde para que lleve a cabo la realización de un POT elaborado por dicho Consejo con las asesorías profesionales necesarias, y para el control de la ciudad con una Policía Municipal apoyada por una Policía Departamental y estas por la Policía Nacional.

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