Deterioro de la democracia en general

Por Luz Betty Jime… el Sáb, 16/02/2019 - 1:29am
Edicion
408

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.


 

Aunque con el correr de los tiempos la democracia como modo de organización del poder del Estado y del ejercicio de los derechos del individuo adquirió un inmenso valor social y político, el hecho real es que en las actuales condiciones y circunstancias del mundo capitalista globalizado, ha entrado en un proceso de deterioro sistemático pero conservando siempre su naturaleza de clase que los ideólogos liberales tratan de ocultar, tras de la cual subyace el poder de los grandes intereses del capital financiero nacional e internacional.

A todo lo anterior cabe preguntarse a qué se debe el deterioro de la democracia en el mundo contemporáneo y la respuesta resulta por lo demás un tanto compleja, sí partimos de la base de que ésta no puede existir separada del desarrollo económico de la sociedad que en términos generales la determina, lo que por supuesto no impide que aquella ejerza una inmensa influencia en la economía ya sea acelerándola o retardando su desarrollo.

Esta circunstancia se ha podido demostrar en la medida en que se acrecienta la desigualdad económica y social como consecuencia de la concentración de la riqueza social con lo cual se hace inevitable el deterioro de la democracia.

En este sentido cuenta para el análisis de este fenómeno el hecho de que para el año 2018 existieran en el mundo capitalista globalizado 26 supermillonarios, dueños de la mitad de la riqueza de los 3.500 millones de personas que constituyen la mitad aproximadamente del total de la población mundial, lo cual ha generado una tendencia creciente de acumulación del capital y de la desigualdad, que de cierta manera impide en la práctica el ejercicio real de la democracia como expresión de la soberanía popular y de los derechos individuales y sociales de los ciudadanos.

Para algunos economistas liberales el deterioro de la democracia obedece a que el Estado capitalista ha sido permisivo con los dueños del poder económico, a quienes se les conceden toda clase de ventajas y privilegios, produciéndose con ello una gran desigualdad inconcebible en una democracia en donde tan solo se benefician unos pocos en contra de la mayoría a quienes se les limita el ejercicio de sus derechos y libertades. El caso es que en la sociedad capitalista el Estado no puede concebirse al margen de la lucha de las clases y grupos sociales que se enfrentan por lograr su control y manejo, mientras dicha organización se encuentra en general en manos de la clase (s) económica y políticamente dominante (s).

Para otros economistas todo se debe según se dice, a que los “super-ricos” pagan pocos impuestos no obstante ser los grandes beneficiarios del progreso y del bienestar general.

La cuestión es quizás mucho más simple si se tiene en cuenta que en algunas circunstancias los capitalistas están dispuestos a pagar incluso altos impuestos, que posteriormente trasladan a los consumidores a través de los precios de los productos, bienes y servicios que ofrecen en el mercado, recuperando así el capital invertido con los costos y ganancias incluidos.

Pero además está claro que en los países en donde se pagan altos impuestos por el gran capital que el Estado utiliza para atender la educación, la salud, la vivienda, los subsidios, etc., a la población mas vulnerable, esto no significa en modo algunos que en cualquier momento tales derechos económicos y sociales se vean disminuidos en medio de la crisis general del capitalismo, dejando a miles de trabajadores sin empleo, sin salario y sin pensiones y desmejorando su condición económica y social, al tiempo que nadie los representa en las instituciones del poder en donde se toman las decisiones fundamentales sobre el destino de la sociedad, lo que hace que la democracia, lejos de tener su origen en el pueblo quien debe ejercerla para su propio beneficio, se convierta en una dictadura de las clases dominantes que se disfraza con un ropaje jurídico formal con el que se arropan los dirigentes liberales, social-demócratas y populistas de todo genero.

Colombia no es ajena al proceso de deterioro de su democracia mediatizada por  la concentración de la riqueza social, la violencia, la demagogia y la corrupción que corroen las instituciones del Estado que no expresa por igual los intereses de todos los colombianos, en manos   de las mafias del narcotráfico, los paramilitares y demás actores del conflicto armado, que generaron un Estado fallido del cual se aprovecharon y beneficiaron varios sectores económicos y políticos que hoy continúan al frente del poder estatal.

A todo lo anterior se suma el enfrentamiento constante entre las diferentes ramas u órganos del poder público, en lo que se conoce como el choque de trenes en el que salen a relucir las diferencias jurídicas y políticas entre el gobierno y las altas Cortes o entre éstas, rompiéndose con ello el denominado equilibrio de poderes, que afecta el ejercicio de los derechos y libertades democráticos de los ciudadanos.

Así mismo conviene señalar que el incumplimiento de los acuerdos de paz, el asesinato y hostigamiento permanente de líderes sociales, comunales, políticos, defensores de tierras, tiende a reanudar la violencia en el país y a limitar la participación democrática en la vida económica, política y social de la Nación en contraste con la vieja y falsa afirmación de que Colombia es la democracia más antigua del continente americano.


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El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social

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