Un burgomaestre no cae del cielo

Por Carlos Botero el Sáb, 16/03/2019 - 1:04pm
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412

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Por Carlos Enrique  Botero Restrepo

Arquitecto Universidad del Valle; Master en Arquitectura y Diseño Urbano, Washington University in St: Louis.

Profesor Maestro Universitario, Universidad del Valle. Ex Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle (de2012 a 2015) y Director del CITCE (Centro de investigaciones Territorio Construcción Espacio) de 2006 a 2010.


Un importante autor francés de obras teóricas de urbanismo , de la primera mitad del siglo XX, Gaston Bardet, afirmaba que la importancia de los alcaldes en el verdadero desarrollo de las ciudades se podía medir, por comparación, si éstos se comportaban como burgomaestres o como administradores.

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En el otro extremo de la escala de valores aparecen, típicos negociantes de la dinámica urbana, los alcaldes de las ciudades estadounidenses

Es orientador y educador

Un burgomaestre, en los casos que analiza Bardet, tiene una interpretación sobre su trabajo que le permite orientar todos los esfuerzos colectivos a la construcción, mantenimiento y desarrollo de la ciudad y su entorno. Es orientador y educador; conoce la historia de la ciudad que dirige y hace de padre y madre de esa criatura de todos, su ciudad, que es parte de una región que se expande y se entrelaza con vecinos, que son sus hermanos, en el camino de una historia viva y en evolución. Para el momento del autor francés, el burgomaestre está encarnado, en los alcaldes alemanes.

En el otro extremo de la escala de valores aparecen, típicos negociantes de la dinámica urbana, los alcaldes de las ciudades estadounidenses. Administradores como los que más. Citando sobre su papel en los procesos de urbanización, dice Bardet,  “… sus realizaciones son la obra de sociedades privadas de comerciantes y de industriales, de clubes, que ven en el urbanismo un buen “buen negocio” para su ciudad. Según ellos, se trata de atraer el máximo de contribuyentes y de compradores posibles para el señor Babbit (personaje principal de la novela homónima de Sinclair Lewis, -Premio Nobel de literatura de 1930- que se ocupa de la compra-venta de bienes raíces). Por otra parte, el valor comercial de la belleza ha sido allí formalmente reconocido: la belleza paga…”

Cambiemos de foto. Pongamos en cualquier orden a todos los precandidatos que para elegir alcalde de Cali en octubre del presente año -incluyamos por cortesía al actual-, y lo mejor que cada uno puede mostrar de su hoja de vida, es su experiencia, académica o práctica, como administrador. Administradores exitosos de algo; de su empresa familiar,  o de alguna entidad pública y privada, pero administrador por encima de todo. Ahora sí, a escoger administrador de esta empresa que corre hasta el peligro de cambiar de condición y hasta de calificativo: ciudad de Cali, distrito salsero, metrópoli, capital deportiva; todas ellas, algunas, alguna o ninguna.

se les puede pedir un examen sobre la historia de Cali

A todos los candidatos, o precandidatos que aún lo son, se les puede pedir un examen sobre la historia de Cali, su geografía, y sobre el conocimiento de los instrumentos –casi todos oxidados por falta de uso- como el POT, marco ineludible de lo que sería su propuesta de Plan de Desarrollo 2020-2023. Que sirva al menos para no hacer el oso en que hace unos ocho años incurrió un exconcejal que quería ser alcalde que, ante la pregunta inesperada de un periodista bogotano acerca de la altura de Cali sobre el nivel del mar, respondió –sin ruborizarse- 2650 metros (la de Bogotá).

se trata de conectar los dos lados de la vía para todos los usuarios eventuales o permanentes

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Además de eso, prepararse para escoger funcionarios que entiendan de urbanismo, para que no les hagan caer en burradas

Además de eso, prepararse para escoger funcionarios que entiendan de urbanismo, para que no les hagan caer en burradas. Una de las más recientes, no la última por desgracia, la de quien desde la Secretaría de Movilidad (ADN 11.03.2019) explica la eliminación del túnel peatonal en la vía Cali-Jamundí, frente a la Universidad Autónoma, porque significa invertir mucho más de lo pensado inicialmente y porque –Dios mío- los estudiantes de la UAO –unos 1600 dice el funcionario-  van a llegar desde la terminal del sur, que está en el mismo costado de la vía y que no tendrían que atravesarla en sus recorridos diarios. El ingenuo funcionario (será idiota o nos cree idiotas?) no entiende que se trata de conectar los dos lados de la vía para todos los usuarios eventuales o permanentes de un área de la ciudad donde ya despunta la floreciente zona de expansión que podrá alojar hasta 480.000 habitantes , hija bastarda del POT versión año 2000.

Se parece al señor Revéiz que fue presidente de Metrocali y que, cuando se estaba cuajando el actual sistema, propuso en un foro público eliminar los aires acondicionados de los buses para bajarle costos a los vehículos. Claro, en ese caso, al ejecutivo de Metrocali lo habían puesto, por razones políticas, a “manejar” un sistema en el que no creía y más bien era su propio tema de burlas en los corrillos politiqueros locales.

Pero bueno, un burgomaestre no cae del cielo.

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