La orden, abandonar obras “estéticas“

Por Carlos Enrique… el Sáb, 18/02/2017 - 10:51am
Edicion
304

Arq, Carlos E. Botero R

La oportunidad de estructurar un plan de desarrollo del espacio público, como la que se podía vislumbrar con el proyecto de implantación del MIO

Nunca tuvo Cali y quizá nunca la tendrá más, al menos en el horizonte de 50 años hacia delante, la oportunidad de estructurar un plan de desarrollo del espacio público, como la que se podía vislumbrar con el proyecto de implantación del MIO primer componente del Sistema Integrado de Transporte Masivo.

En la historia de la transformación urbana de Cali a partir de 1910 ningún proyecto de impacto e influencia significativos generó un desarrollo importante de la estructura del espacio público comparada con la que en su momento existía.

Quizás la construcción del Parque del Acueducto o de San Antonio, tantas veces amenazado en los últimos años, pueda ser la excepción por cuanto fue construido a partir de la puesta en servicio de la planta de potabilización de aguas del Río Cali. Es la marca amable de ese hito de desarrollo urbano que hacia 1930 marcaba y prometía una ciudad moderna proyectada hacia el futuro.

Otra gran intervención sobre la estructura urbana de Cali fue la de los VI Juegos Panamericanos de 1971. Aunque muchos comentaristas del acontecer ciudadano le asignan al conjunto de obras el calificativo de salto hacia el desarrollo urbano, aparte de los nuevos equipamientos deportivos que le quedaron a la ciudad –que por sí mismos no alentaron el mejoramiento de la calidad competitiva de los deportistas locales- se convirtió en la gran operación urbanística de desarrollo inmobiliarios nunca antes vista en la ciudad. En efecto, la construcción de la Ciudad Universitaria del Valle en antiguos predios del Ingenio Meléndez habilitó con infraestructura de servicios públicos y vías toda el área desde la actual carrera 66 en la Urbanización Gran Limonar hasta Ciudad Jardín: un área equivalente de alrededor del 50% de la ciudad construida hasta ese momento. Todo construido con recursos públicos sin que los propietarios de los predios beneficiados pagaron un solo peso por ese enriquecimiento repentino que se produce cuando un predio ocioso de repente resulta habilitado con infraestructura vial y de servicios.

Parecería un sino que cubre los rumbos de la ciudad y que le niegan la posibilidad de ligar a su favor proyectos que sean consecuencia de desarrollos específicos y de cobertura total de la ciudad. Tal es el caso del MIO. Las altísimas inversiones que ha demandado el proceso de implantación no se compadecen con las bajas calidad y cantidad de espacio público que aporta a la estructura existente.

Abandonara las obras “estéticas” (es decir andenes y plazoletas)  y se concentrara en las técnicamente necesarias

No cabe duda de que aquello que según el documentos Conpes 3166 de 2002, que definía los términos técnicos básicos del componente de buses articulados del sistema integrado de transporte masivo significaba que, además de solucionar la movilidad de más de la mitad de la población, posibilitaría el desarrollo del sistema estructurante articulador del territorio, el espacio público. Dentro del cinismo propio de los altos funcionarios del Estado, el director de Planeación Nacional le dirigió un comunicado público al presidente Jaime Córdoba de Metrocali hacia 2005, para que, ante una de tantas crisis financieras del organismo, abandonara las obras “estéticas” (es decir andenes y plazoletas)  y se concentrara en las técnicamente necesarias, es decir, carril solobus y estaciones o paradas. Como quien dice, nada de espacio público, sólo lo estrictamente necesario para que circule el bus articulado y que los usuarios se las entiendan para llegar a una parada y abordar el bus. Así, si no lo hubo ahora, no habrá en cincuenta años más espacio público significativo.

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