Porqué en Colombia no salen ‘Especialistas en Clásicas’

Por Luis Eduardo E… el Sáb, 20/06/2020 - 11:08am
Edicion
478

Luis Eduardo Echeverry F

Hay una asignatura pendiente en el gran nivel promedio por lo alto del corredor colombiano que llega a la máxima categoría, casi siempre asociado a su rol de vueltómano, y en especial como escalador. Existe una carencia indudable: destacar y disputar con opciones las grandes clásicas del calendario mundial.

Excepción hecha de la irrupción de tres jóvenes velocistas de talla internacional en tiempos recientes (Molano, Hodeg y Gaviria) la inmensa mayoría de esos triunfos colombianos provienen de etapas de montaña y carreras con perfil siempre escarpado: a mayor altitud sobre el nivel del mar, mejor aún. No ha sido Colombia, históricamente, tierra de sprinters de talla mundial y menos de destacadas figuras en carreras de un día.

El clasicómano nato, hasta ahora no se ha dado en el país cafetero. El seguimiento de estas competencias como las clásicas del norte, las Ardenas o monumentos, se supedita a algunos pocos apasionados con un conocimiento muy por encima de la media de este deporte. La asociación automática para una carrera ciclística en el imaginario colombiano no se concibe casi sin la presencia de mucha montaña. No se les dice “escarabajos” a los corredores por capricho.

Hay varias razones culturales, biológicas, geográficas y hasta de infraestructura vial que, en cierta forma, podrían explicar este singular déficit de ciclistas destacados o palmarés en clásicas para un país -de forma irónica- tan apasionado por el ciclismo y cuyo gusto por el mismo viene casi que tatuado en su ADN.

Razones históricas: Los grandes ídolos de la “prehistoria” ciclística del país, en la época del blanco y negro (50’s, 60’s y 70’s) Efraín Forero, Rubén Darío Gómez, Cochise Rodríguez* (*este fue de los pocos muy completos, pero llegó muy tarde a Europa), Ramón Hoyos, Rafael Antonio Niño, y tantos más, eran sobre todo excelentes escaladores y eso les bastaba para cosechar toda la admiración de crítica y público, y para reinar ante rivales de condiciones parecidas a nivel local o para destacar también en toda Latinoamérica..

yui

Ha sido un tema de idiosincrasia, un tema cultural por un lado. Para colmo el epíteto de “escarabajos” casi que terminó encasillándolos en un estereotipo del cual ha costado mucho distanciarse. Se presume que ser colombiano y excelente escalador, son sinónimos.

ewgrerhre
Vuelta a España 1987 al menos 6 “escarabajos” colombianos en cabeza de pelotón junto a Dietzen, Pedro Delgado y atrás se ve a Fignon, en plena etapa de montaña

 

Factor biológico: en cuanto a las clásicas del norte y otras bastante llanas, el factor anatómico, el biotipo, es evidente que limita al menos para estas. La baja talla promedio y poco peso del corredor colombiano (mayoritariamente originarios del altiplano cundiboyacense (zona del centro del país con altura sostenida por encima de los 2500 msnm, Medellín y varios pueblos de Antioquia con alturas entre los 1500 y dos mil quinientos) les ha concedido una importante y evidente ventaja natural para la escalada de largo aliento, por lo livianos y sobre todo por nacer, crecer, vivir y entrenar siempre cerca -o muy por encima- de los dos mil metros. En estas circunstancias, no es que muchos no hayan querido ser sprinters o potentes rodadores rompeviento, es que su cuerpo no les daba para eso, pero si para ser escaladores. Tipos por encima del 1.80m como Gaviria, Molano o Hodeg son la excepción en el corredor colombiano y no la histórica regla.

La geografía: Colombia es uno de los países más biodiversos del mundo. Su orografía abarca todas las posibilidades existentes: desde desierto, nieves perpetuas, selva amazónica, extensas llanuras casi a nivel del mar y vastas mesetas andinas a casi tres mil metros de altitud. La cordillera de los Andes, al entrar por el sur del país, se divide en tres ramales separados por dos valles surcados por dos grandes ríos (Magdalena y Cauca) y cruzan el país de sur a norte con alturas que se acercan a los 6000 msnm y cientos de pueblos y algunas grandes ciudades (Bogotá, Pasto, Tunja y Manizales entre ellas) que sobrepasan con facilidad los dos mil metros sobre el nivel del mar. Esta región Andina concentra a 36 de los 48 millones de habitantes del país, y de esta misma región muy montañosa salen el 99 por ciento de los ciclistas destacados que ha dado esta nación suramericana. Hay muchos jóvenes que han nacido, vivido y formado como ciclistas entrenando ¡siempre en altura, siempre en montaña! porque no tienen nada más a mano, es el único paisaje en 100 kms (o más) a la redonda.

ereewew
Páramo de Letras, puerto de montaña típico colombiano, (largos y tendidos)  80 km de longitud se sube casi de cero a 3700 msnm

La infraestructura: Colombia, a pesar de ser un país muy rico en recursos naturales, tiene una de las infraestructuras viales más vergonzosas de toda Latinoamérica, mérito absoluto de una sucesión infinita de endogámicos gobiernos ineptos cuya eficiente corrupción eso sí, está fuera de toda duda. En cualquier país desarrollado existe una red de autopistas de doble o triple sentido que comunican las principales ciudades. Luego, una red “nacional” paralela, sin peajes, con vías de un solo sentido, y después una red “comarcal” de tercera categoría con carreteras más estrechas pero asfaltadas y en buen estado que unen pequeños pueblos y zonas rurales, -que es por donde suelen transcurrir la mayoría de grandes carreras europeas y todas las clásicas más prestigiosas-.

En Colombia ni siquiera sus dos principales ciudades (Bogotá y Medellín separadas por escasos 400 km) cuentan con una vía de doble calzada completa y terminada que las una. Pero es que entre Bogotá y los dos principales puertos del país (Barranquilla y Buenaventura) tampoco se han terminado y faltan muchos tramos. Todo el tráfico pesado, particular y de pasajeros del país se produce en su inmensa  mayoría por vías de un solo sentido muy montañosas, saturadas y peligrosas, salvo los tres mil km de carreteras de doble calzada, (para un país que tiene más del doble de la extensión de España, y casi su misma población, 48 millones de habitantes). Aunque en el país ibérico esa cifra llega a los 15 mil km de vías de doble calzada, en México también a 15 mil.

Circular como ciclista entrenando por entre una procesión de vehículos, en una carretera de una sola vía en cada sentido, no es el escenario idóneo para hacer entrenamientos en un clasicómano. …Un especialista en pruebas de un día necesita caminos llanos de extenso kilometraje donde encuentre viento para mejorar su potencia, salpicados con cotas cortas empinadas y explosivas para ensayar remates de esa naturaleza, que es justamente donde se producen los cortes y se definen muchas clásicas de postín. Esa explosividad y Rush  (salvo Higuita y en su mejor época Betancur) es una virtud de la que adolecen incluso hasta los mismos escaladores, que suelen ser muy buenos en puertos largos y tendidos a gran altura, pero muy poco explosivos y menos rematadores temibles en muros y cuestas cortas con mucha inclinación.

No disponer de vías rurales o intermunicipales asfaltadas, poco transitadas y adecuadas tampoco ayuda mucho. Por no hablar de que muy pocas ciudades capitales -y menos poblaciones pequeñas- cuentan al menos con un velódromo decente para formarlos en velocidad, pericia y mejorar el sprint desde jovencitos.

En estos términos los ciclistas no disponen de vías secundarias o terciarias rurales y con poco tránsito para entrenar el tipo de terreno en que se corren la mayoría de las clásicas; no se forman en esa experticia para rodar a gran velocidad y potencia en grupos grandes por vías muy técnicas pero en buen estado que les permitan simular los recorridos de clásicas como las Ardenas o Lombardía que es -siendo realistas- las que, al igual que les sucede a los españoles, más le pueden favorecer al biotipo colombiano.

Por supuesto, que tramos de pavés no existen en el país y si algún día sale de forma casi milagrosa un “piedrero” colombiano se tendría que formar en los Países Bajos, el norte de Francia o Bélgica. Pero hoy en día, ya hay muchos corredores que -con preparación especializada- podrían aspirar a brillar en Flecha Valona, San Sebastián, Lieja, Lombardía y por qué no, Milán-San Remo que ya estuvo cerca de disputar la victoria Gaviria hace unos años. Para no ir más lejos, Sergio Higuita tiene las condiciones y talento natural para triunfar en cualquiera de las anteriores, virtud que en su momento llegó a tener también Segio Henao, al que sus labores de gregario se las fueron difuminando.

 El presente invita a cierto optimismo, un corredor con buena punta de velocidad como Hodeg, Molano o Gaviria, con trabajo específico para mejorar el fondo y aguantar repechos, se puede tornar más versátil y aspirar a muchas clásicas de perfil llano o con cotas cortas. Ya Gaviria lo demostró hace cuatro años llevándose de forma magistral una Paris Tours y él mismo -al igual que Hodeg- se han impuesto en algunas clásicas menores. Es cuestión de que empiecen a caer victorias de ese tipo para que muchos niños no quieran ser solamente excelentes “escarabajos” como el Herrera, Quintana o Bernal de Rigor, sino que se pueda pensar en que de esta emergente potencia mundial del ciclismo, también puede salir gente del nivel de Purito, Bettini, Valverde o tantos puncheurs que han brillado en los monumentos y clásicas favorables para sus condiciones. Lo más complicado que es una base alta de calidad y fondo muchos ya la tienen, falta es que se convenzan de que allí también pueden destacar. Es la asignatura pendiente del admirable ciclismo colombiano en un panorama mundial que cada vez demanda y premia más a los corredores más completos y versátiles.

 

Búsqueda personalizada

aerdhbadf

publicidad_banner

Cali Verde y Educada