Sebastián de Belalcázar

Por Nicolas Ramos Gómez el Sáb, 22/05/2021 - 9:22pm
Edición
526

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Lo escrito sobre su vida, cuando llegó a La Española en 1507 de 17 años, lo traigo a colación a raíz del vandalismo a su estatua

Nicolás Ramos G

Ingeniero Civil , ex gerente de Emcali y ex Presidente de la SMP


Existen tres libros sobre el Adelantado y Mariscal don Sebastián Moyano, quien posteriormente se llamaría de Belalcázar por el nombre del castillo cercano al pueblo de Gahete (Extremadura) donde nació en 1490. El primero del Dr. Diego Garcés Giraldo, titulado El fundador de ciudades, otro de Oscar Gerardo Ramos, titulado Afincándose en la tierra, una historia novelada de su vida y un tercero, del mismo autor, sobre su historia a petición de la Biblioteca Iberoamericana de ANAYA con motivo de los 500 años del descubrimiento de América. Belalcázar, cuando viajó al Perú a incorporarse con Francisco Pizarro González en la conquista del Incario, tenía cinco hijos mestizos nacidos en Santa María la Antigua del Darién y en Panamá. 

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Ellos pretenden hoy, casi 500 años después, ser una etnia pura, pese a que su Gobernador es de apellido Velasco.

Lo escrito sobre su vida, cuando llegó a La Española en 1507 de 17 años, lo traigo a colación a raíz del vandalismo a su estatua por la etnia indígena Misak del Departamento del Cauca, que, según investigaciones del historiador payanes Diego Castrillón Arboleda, son descendientes de los indígenas que vinieron con Belalcázar originarios de la zona de la Laguna de Yaguarcocha (Ecuador) donde los estaba aniquilando una tribu rival antropófaga.

Ellos pretenden hoy, casi 500 años después, ser una etnia pura, pese a que su Gobernador es de apellido Velasco. La llamada “minga indígena” que llegó a Cali en el mes de mayo no es nada diferente a un grupo de vándalos financiados por sus sembrados de coca y encargados de supuestas reivindicaciones históricas. Según ellos, estas reivindicaciones les dan derecho a participar en el vandalismo y los bloqueos que violan lo más sagrado de una república que es su Constitución, al afectar derechos fundamentales del ciudadano como son el de la alimentación, la salud y la movilidad, entre otros, además de destruir bienes públicos y privados en una “supuesta” protesta pacífica.  

¿Quién pagará y cuánto costará reparar los daños causados por un vandalismo sin sentido a un país ya bien empobrecido por la pandemia que nos azota y que estos apátridas han empobrecido más? Igual la Fiscalía y las autoridades están en el deber de judicializarlos para que respondan por los daños causados a los monumentos de nuestras ciudades como el de Sebastián de Belalcázar y a los bienes públicos y privados.

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El Señor Alcalde, como guardián de la ciudad, está en el deber de retirar, cuanto antes, para no faltar a su deber

Ese vandalismo no tiene justificación alguna y por ningún motivo puede quedar en la impunidad, que destruye la democracia y la convivencia pacífica, además deja el mensaje que en el país cualquier cosa puede pasar y los ciudadanos cada vez más inermes porque no hay quien los defienda y no hay sanción para los delitos cometidos.

El Señor Alcalde, como guardián de la ciudad, está en el deber de retirar, cuanto antes, para no faltar a su deber, una cabra que otro irrespetuoso con la ciudad, sus tradiciones y habitantes, colocó abusivamente en el pedestal de la estatua del fundador de la ciudad e igual y cuanto antes, volver a colocar la estatua del fundador, patrimonio invaluable de la ciudad, hito de su historia, otero sobre ella y lugar de su mayor atractivo turístico.

El mensaje de la Alcaldía debe ser claro que el espacio público es de todos y ninguna persona puede atribuirse el derecho de colocar lo que a bien le plazca.

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