Ciudad, tiempo y espacio

Por Benjamin Barne… el Sáb, 05/12/2020 - 11:59pm
Edicion
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No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho” ya lo dijo Seneca a finales del siglo I

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011


“No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho” ya lo dijo Seneca a finales del siglo I, (citado por Paco Álvarez, Somos romanos, 2019, p. 30) y en Cali no es que tengamos poco espacio sino que lo desperdiciamos mucho, y lo pertinente entonces sería pensar distinto ya que hacerlo así es pensar, como ya lo dijo Nieves a inicios del siglo XXI. Pensar la ciudad en términos de espacio y tiempo disponibles lleva a planificarla mediante ciudades dentro de la ciudad, conformadas por supermanzanas alrededor de centralidades peatonales, unidas por un tren de cercanías, temas estos en los que mucho se ha insistido en esta columna, pero que es preciso repetir y ampliar aún más.
 

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Por otro lado, disminuir el tiempo empleado en los desplazamientos entre casa, trabajo, estudio, compras y recreación

Como dijo Juvenal, contemporáneo de Seneca: “ Quien habita en todas partes […] no vive en ninguna” (p. 113) que es precisamente lo que sucede en Cali con la gran mayoría de sus habitantes: duermen en una parte de la ciudad, trabajan o estudian en otra y se divierten en una tercera, pero, paradójicamente, muchos ni siquiera conocen su centro histórico y poco viajan a otras ciudades. El resultado es que mientras la vieja vida de barrio desaparece, la de una verdadera ciudad no aparece ya por ninguna parte, y así lo comprueban las excepciones como aún lo es el parque de El Peñón, o esos sucedáneos de la ciudad en que se han convertido los centros comerciales y los supermercados.

Por otro lado, disminuir el tiempo empleado en los desplazamientos entre casa, trabajo, estudio, compras y recreación no es solo abreviarlo, sino hacer que los recorridos sean más seguros y placenteros y que en su mayoría sean peatonales, y de ahí la gran importancia de los andenes, que ya existían en Roma (pp. 109 a 111), y de las centralidades peatonales propuestas en las que estaría concentrado el equipamiento urbano básico de cada una de ellas, como escuelas y colegios, centros comerciales y supermercados, centros de salud, parques y demás, junto con oficinas y otros sitios de trabajo que no generen contaminación del aire ni ruido ajeno, ni interferencias en las vías aledañas.
 

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la impresionante República romana [es] la democracia de mayor duración en lo que llevamos de historia del mundo

Pero primero hay que oficializar el área metropolitana de Cali, y a partir del nuevo eje urbano y regional ya propuesto, de Jamundí a Yumbo, recuperar el trazado “hipodámico”, como lo llama Álvarez (p. 112), con el que los españoles fundaron todas nuestras ciudades, es decir de manzanas ortogonales con calles que tienen continuidad de lado a lado, aun cuando no siempre sean rectas debido a la topografía, facilitando sus ensanches sin alterar lo ya urbanizado. Lamentablemente en Cali la vulgarización de la arquitectura y el urbanismo modernos, siguiendo a Estados Unidos y no a Europa, llevó a tirar por la ventana esta antiquísima idea urbana generando su muy feo caos actual.

Como lo recuerda Paco Álvarez, “la impresionante República romana [es] la democracia de mayor duración en lo que llevamos de historia del mundo” (p. 205), mientras que la “planificación” de Cali ni siquiera dura los cuatro años del período de cada uno de sus Alcaldes, pues mientras que en Roma la continuidad la garantizaba el Senado, en Cali su Concejo Municipal ni siquiera la busca y en consecuencia mucho menos la controla. Y por su parte los ciudadanos que votan, la minoría, no se han dado cuenta de que el Concejo debe ser tan importante como el Alcalde, y por supuesto a los demás habitantes que no votan, la mayoría, todo esto los tiene sin mayor cuidado…¡y sin ciudad a todos!.

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Caliescribe edición especial